Monday, November 22, 2004

El silencio de la muerte

Ya es costumbre esa confianza.
Me surge por las noches, siempre tratando de ser un testigo.
Así que no le regateo nada a nadie.
Y aunque descubro que somos tan frágiles y llenos de miedos, no es asomo que nuestras palabras sean tímidas como el ave que de una jaula obtiene su libertad, como el ladrido de los perros que comen los cuerpos tirados en los caminos de la violencia.
Es primitiva la historia del día de mi ocaso que prefieren no hablar de ella, no se atreven.
Respetan todavía el silencio que ofrece la muerte.
Todas las noches sueño a saber que nada está ocurriendo, que no es mi muerte la que se anuncia, sino una farsa en la que a dios le roban los zapatos.


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